Dios atiende en CABA
OK Pirámides presenta «Premio»

El segundo single de OK Pirámides, “Premio”, abre una puerta hacia la emoción más genuina de la banda. Se trata de una canción mid-tempo de atmósferas delicadas que encuentra en la voz de Lolo Gasparini un nuevo centro de gravedad: firme, expresiva y decisiva en la consolidación de la renovada formación, al tiempo que abre una arista inédita en el universo del grupo.
La producción, pulida y precisa, sostiene un mid-tempo que resuena con ecos de influencias exquisitas —del lirismo elegante de Felt a la sensibilidad pop de los 80—, siempre filtradas por la identidad propia de OK Pirámides.
En la letra se adivina una intimidad en movimiento, una búsqueda de belleza que se rehúsa a lo evidente. “Premio” reafirma a la banda en un territorio donde lo emocional y lo experimental conviven con naturalidad.
Desde su aparición en la escena porteña en 2013, OK Pirámides se ha consolidado como una de las propuestas más singulares del rock alternativo argentino. Su sonido combina guitarras reverberantes, climas introspectivos y una marcada influencia del post-punk, la psicodelia y el dream pop, sin caer en lugares comunes ni fórmulas gastadas.
El proyecto liderado por Julián Della Paolera (ex Victoria Mil – La Nueva Flor) ha construido una obra que subvierte la lógica del pop como secuencia de estribillos predecibles, proponiendo en su lugar un viaje por paisajes mentales descentrados, abrasivos y profundamente sensoriales.
Formada por Loló Gasparini (Isla de los Estados, Gustavo Cerati) e Ignacio Jeannot (Juanse, La Armada Cósmica),Manu Duka (Las Kellies), Carmelo Puy, la banda ha desarrollado una estética propia, centrada en la producción analógica y una decidida resistencia al ritmo vertiginoso del consumo digital.
Sus álbumes de estudio —OK Pirámides (2014), Explota en tu cabeza (2016), Asusta (2019), 357 (2021) y Truco menor (2022)— conviven con lanzamientos que amplían su espectro: el EP Gianni (2018), y los discos en vivo OK Pirámides en La TNGT (2020) y Bueno todo el día (2024).
Todo en OK Pirámides parece operar como un conjuro sonoro: nada es exactamente lo que parece, y esa es la gracia. En escena, su propuesta se convierte en ritual. No hay poses rockeras ni virtuosismo exhibicionista: hay trance, hay densidad, hay humanidad. Tocan como si exorcizaran algo que no tiene nombre, y en el proceso arrastran al oyente a un umbral liminal entre el goce y el vértigo.
En tiempos donde incluso lo alternativo se ha vuelto fórmula, ellos eligen el error, la interferencia, el desvío. Son una anomalía feliz, un glitch argentino en el mapa global del rock contemporáneo.




